Dra. Elizabeth Salamanca Pacheco
Decana de la Escuela de Negocios y Economía
Decana de la Escuela de Negocios y Economía
Decana de la Escuela de Artes y Humanidades
Decano de la Escuela de Ingeniería
Decana de la Escuela de Ciencias
Decano de la Escuela de Ciencias Sociales
Vicerrector Académico
Decana de la Escuela de Negocios y Economía
Queridas graduadas y graduados de la Escuela de Negocios y Economía de la UDLAP; estimados padres y familiares; apreciados profesores; señor Vicerrector Académico; señor Rector; muy buenos días.
La graduación suele presentarse como un punto de llegada. Sin embargo, quienes llevamos algunos años observando trayectorias profesionales sabemos que, en realidad, es el punto de partida.
Y es un punto de partida particularmente interesante.
Ustedes concluyen sus estudios en una época que con frecuencia se describe mediante términos como incertidumbre, polarización, desigualdad, volatilidad o cambio acelerado. Todos los días escuchan diagnósticos preocupantes sobre la economía, la sociedad, los mercados laborales y el futuro del mundo.
Sería ingenuo ignorar esos desafíos. Pero también sería un error permitir que esos diagnósticos definan nuestra visión del futuro. Porque la historia económica y social nos enseña algo importante: ninguna generación ha iniciado su vida profesional en condiciones perfectas.
Cada generación ha enfrentado sus propias crisis, cambios tecnológicos y transformaciones económicas y culturales. Y cada generación ha tenido que construir oportunidades donde otros sólo veían obstáculos.
Por eso hoy no quiero hablarles desde la preocupación. Quiero hablarles desde la confianza. La confianza que surge de saber quiénes son ustedes y qué herramientas llevan consigo.
Durante años han estudiado economía, administración, mercadotecnia, banca e inversiones, finanzas y contaduría, artes culinarias, administración de la hospitalidad o negocios internacionales, lo que les ha permitido adquirir conocimientos específicos.
Algunos de esos conocimientos cambiarán con el tiempo. Algunos modelos evolucionarán. Algunas metodologías serán sustituidas. Algunas herramientas dejarán de utilizarse. Eso siempre ha ocurrido. Pero lo más valioso que obtuvieron en esta Escuela no es únicamente conocimientos específicos. Lo más valioso es la caja de herramientas intelectual y humana que han adquirido.
Aprendieron a analizar información compleja. Aprendieron a tomar decisiones cuando no existe certeza absoluta. Aprendieron a resolver problemas. Aprendieron a distinguir entre opiniones y evidencia. Aprendieron a trabajar con personas que piensan distinto. Aprendieron a argumentar, cuestionar y escuchar. Aprendieron a comprender que los fenómenos económicos, empresariales y sociales rara vez tienen respuestas simples.
Las organizaciones necesitan personas capaces de pensar. Las sociedades necesitan ciudadanos capaces de discernir. Y los países necesitan líderes capaces de actuar con criterio, responsabilidad y visión de largo plazo. Ustedes han sido formados para eso.
Espero que recuerden algo que hemos enfatizado una y otra vez en esta Escuela. El talento genera oportunidades. El privilegio genera responsabilidades. Y la educación genera compromisos.
Así que, conviene preguntarse a sí mismos: ¿cómo contribuirán a generar empleos dignos? ¿Cómo construirán organizaciones más productivas y humanas? ¿Cómo ampliarán oportunidades para quienes han tenido menos acceso a ellas? ¿Cómo utilizarán su conocimiento para fortalecer comunidades, instituciones y mercados?
A lo largo de sus estudios seguramente experimentaron momentos complicados. Quizá hubo exámenes que parecían imposibles. Proyectos que no salieron como esperaban. Entrevistas fallidas. Planes que tuvieron que modificar. Metas que tardaron más de lo previsto en alcanzarse. La experiencia les demostrará que esas situaciones no terminan con la graduación. Seguirán apareciendo. Y eso es una buena noticia.
Porque el crecimiento no ocurre cuando todo sale conforme al plan. Las trayectorias más significativas rara vez son lineales. Por ello, cuando enfrenten momentos de duda, recuerden quiénes son. Recuerden el esfuerzo que los trajo hasta aquí. Recuerden las capacidades que han desarrollado. Y recuerden que pertenecen a una comunidad universitaria que cree profundamente en el valor del conocimiento, del trabajo bien hecho y de la responsabilidad social.
Hoy reciben un título universitario. Pero también reciben algo más importante: la oportunidad de no temerle al futuro, sino de participar activamente en su construcción. Y tengo plena confianza en que están preparados para hacerlo.
Nunca pierdan de vista que el propósito último de los negocios y de la economía es mejorar la vida de las personas. Cuando recuerden eso, sus decisiones tendrán una brújula. Y las brújulas son especialmente valiosas cuando el camino no es evidente.
En nombre de la Escuela de Negocios y Economía de la Universidad de las Américas Puebla, los felicito por este logro extraordinario. Nos sentimos orgullosos de ustedes. Les deseamos éxito. Pero, sobre todo, les deseamos propósito.
Muchas gracias y enhorabuena.
Decana de la Escuela de Artes y Humanidades
Distinguidas autoridades, estimadas familias, apreciados profesores, querida generación 2026 de la Escuela de Artes y Humanidades,
Es para mí un honor poder compartir este mensaje con ustedes en un día tan especial. Me siento sumamente orgullosa porque hoy no solo celebramos su graduación, sino también la huella que han dejado durante su paso por la UDLAP. Es el mismo orgullo que hemos sentido al verlos en un escenario, al ver sus carteles o cortometrajes, sus obras de arte y curadurías en exposiciones, las presentaciones y proyectos arquitectónicos, sus ensayos, poemas o traducciones. Esos logros que sus familias y nosotros hemos seguido de cerca, día con día, estos últimos años.
Vivimos en una época marcada por aceleradas transformaciones tecnológicas y grandes desafíos globales. Este panorama, sin duda, nos obliga a replantearnos qué significa ser humano, pero también nos recuerda el valor y la importancia de nuestras disciplinas como mecanismos para entender, cuestionar, imaginar y transformar el mundo. La inteligencia artificial puede lograr cosas sorprendentes; el verdadero reto, no obstante, es conocerla, cuestionarla e integrarla de forma creativa, propositiva y, sobre todo, ética. Pero a la vez, tenemos que asumir la necesidad, tan fuerte, genuina e insustituible, de conectar con las emociones de las personas, con nuestros entornos y con las posibilidades de hacer cambios profundos que mejoren de manera sustentable y justa el mundo. Como artistas y humanistas, nuestra labor es tocar, conmover e interpelar; hacer sentir, pero también reflexionar sobre lo que el arte aporta a nuestras luchas y formas de vida. Inmersos en este momento único para la humanidad, recordemos esto: es un privilegio dedicarnos a las artes y las humanidades.
El valor de sus profesiones reside en la humanidad misma. En descubrir o reinterpretar, frente a la tecnología, lo que significa ser humanos: imperfectos, a veces falibles y vulnerables, pero también con la capacidad de crear, de intentar que nuevas ideas surjan para enfrentar los retos y problemas que el mundo nos presenta. Y para lograrlo, vale la pena arriesgarse, cometer errores, experimentar. Repitan, reescriban, cuestionen, tachen, duden, rompan, borren todo y vuelvan a empezar… Es ese proceso el que dará más profundidad y valor al resultado.
El camino rápido, fácil y más conveniente, rara vez es el más valioso. Así lo expresó ese gran director de cine e inventor de tantas criaturas inolvidables, Guillermo del Toro: “si llegas más rápido al punto medio, no estás pasando por el proceso, y entonces tienes resultados mediocres, soluciones a medias, que no son inspiradoras o revolucionarias. Las personas dejan su huella a través de las imágenes, a través de su experiencia, de su dolor, de su fracaso, de sus alegrías, de sus éxitos, y por eso es que, de una forma u otra, hacemos lo que hacemos. Los unos y ceros no atravesaron el caos, no perdieron un hijo, no cantaron sobre ello. Los mayores crímenes contra la civilización se han cometido en nombre de la conveniencia. Es el proceso el que dignifica el resultado.”
Me siento honrada de haber sido testigo de su proceso de crecimiento, como artistas y humanistas, pero también como ciudadanos y ciudadanas sensibles que van a contribuir a nuestra sociedad de manera significativa. Ustedes nos han hecho salir de la vida acelerada que parece imponérsenos; nos han invitado a reflexionar sobre distintos dilemas a través de sus trabajos, con sensibilidad, ética, valores y empatía. Han logrado acercarse a diferentes públicos y comunidades y, ya desde ahora, han transformado la vida de muchas personas.
No puedo esperar para ver el impacto que tendrán en este mundo que tanto los necesita y que a veces parece no saberlo. Y aquí, me permito citar al extraordinario director de orquesta Gustavo Dudamel:
El mundo no necesita más ruido, necesita que escuchemos.
El éxito no es una presentación como solista, es una sinfonía colectiva.
Las fronteras no son muros, son puentes.
La diversidad no es una amenaza, es un poder.
La solidaridad no es para los débiles, les pertenece a aquellos con el coraje para ser mejores y la paz no es una opción, es una urgencia.
La música y el arte son derechos universales.
Exhorto a cada uno de ustedes a ser personas íntegras, preocupadas por los demás, por sus entornos naturales y por el futuro de la sociedad.
Hoy, el esfuerzo de toda una comunidad rinde frutos. Por ello, quisiera reservar un momento para felicitar a sus familias, tomaron una gran decisión al apostar por una formación no sólo técnica ni profesionalizante, sino universitaria. Sé que el trayecto no ha sido fácil para ustedes tampoco, y que ha implicado mucho trabajo y sacrificio. Sé también que no es fácil tener personjes como nosotros en casa: podemos ser ruidosos, desordenados, impredecibles, herméticos, nocturnos, sensibles.
Han tenido que lidiar con hogares convertidos en escenarios, con maquetas, esculturas o montoncitos de libros invadiendo la sala, o con alguien cantando una cadenza una y otra y otra vez, pero todo ha valido la pena para llegar a este día. También felicito a mis colegas profesores, que los acompañaron a ustedes, graduados, en este itinerario, y que han trabajado incansablemente para adaptarse a las transformaciones abruptas de la enseñanza en los últimos años.
Querida generación, su paso por la UDLAP ha sido tan trascendental para ustedes como para nosotros. Gracias por incidir tan positivamente en nuestra comunidad. Una parte de ustedes se quedará aquí y los esperaremos para celebrar sus futuros éxitos con la misma alegría que celebramos este día.
¡Enhorabuena octogésima segunda generación de la Escuela de Artes y Humanidades!
Decano de la Escuela de Ingeniería
Estimados todos, muy buenas tardes.
Saludo con gran afecto a los familiares y amigos de los graduandos de esta octagésima segunda ceremonia de graduación de la escuela de ingeniería.
Agradezco la asistencia de mis compañeros profesores, personal administrativo y comunidad UDLAP que nos acompañan.
Estimados graduandos, el día de hoy culmina para ustedes una trayectoria educativa de gran exigencia y dedicación. La formación integral que han recibido en la UDLAP los ha preparado para observar, cuestionar y comprender el mundo desde una perspectiva basada en evidencias, metodología rigurosa y pensamiento crítico. Estos elementos constituyen herramientas invaluables en una sociedad donde requieren demostrar que los ingenieros de la UDLAP están capacitados con los más altos estándares de calidad.
Durante estos años universitarios, han pasado incontables desvelos, exámenes desafiantes, múltiples horas en la biblioteca y en los laboratorios para el desarrollo de sus proyectos, todo eso ha forjado en ustedes una resiliencia y capacidad de superación extraordinarias. Cada obstáculo superado ha contribuido a formar ingenieros competentes y personas con una notable fortaleza interior, capaces de tomar decisiones para impulsar el desarrollo tecnológico que genera bienestar humano a enfrentar los retos de la industria con el desarrollo de soluciones innovadoras y mas humanas para problemas reales y, con ello, lograr transformar nuestra sociedad de manera ética y responsable.
La ingeniería no es solo la profesión que han elegido, sino una forma de relacionarse con la realidad que los rodea. En su esencia, la ingeniería es la disciplina y profesión que aplica los conocimientos técnicos y científicos y utiliza las leyes naturales y los recursos físicos, con el fin de diseñar e implementar materiales, estructuras, máquinas, dispositivos, y sistemas para alcanzar un objetivo.
No olviden, que la ingeniería avanza gracias al esfuerzo colectivo. Las grandes revoluciones del conocimiento rara vez son obra de individuos aislados, son el fruto de comunidades que comparten conocimientos, que discuten ideas y colaboran en proyectos comunes. Valoren siempre el trabajo en equipo, la diversidad de perspectivas y la colaboración como pilares fundamentales del progreso genuino y significativo.
Graduados, recuerden siempre que el conocimiento de la ingeniería conlleva una gran responsabilidad ética. Las decisiones que tomen en sus carreras profesionales tendrán impacto en la sociedad, el medio ambiente y las generaciones futuras. Mantengan siempre la integridad como valor innegociable, actúen con transparencia y consideren las implicaciones éticas de su trabajo ingenieril en cada proyecto que emprendan.
Nuestro país y el mundo necesitan ingenieros comprometidos con la ejecución, divulgación y comunicación efectiva de sus conocimientos. Sean embajadores del pensamiento crítico y creativo, comuniquen sus conocimientos de manera accesible y contribuyan a formar una sociedad más informada y capaz de tomar decisiones basadas en evidencias.
Agradezcan a quienes han hecho posible su formación. Sus papás, tutores y demas familiares que los han apoyado en sus sueños incluso sin comprender completamente lo que hacían día a día. A sus profesores, que transmitieron no solo conocimientos técnicos sino también una forma de pensar y aproximarse a los problemas. A sus compañeros con quienes compartieron frustraciones y celebraron triunfos en este intenso viaje académico.
Miren con orgullo legítimo el camino recorrido, pero sepan que hoy no marca un final sino el verdadero comienzo. La graduación universitaria es el punto de partida para una vida profesional donde seguirán aprendiendo, cuestionando y descubriendo.
Lleven siempre con ustedes los valores de la UDLAP, los cuales se rigen por un espíritu humanista, científico y universal. Promueven una sólida ética ciudadana, guiada principalmente por la libertad con responsabilidad, la tolerancia, el respeto, la solidaridad y la honestidad. Estos principios trascienden todo lo vivido en cada uno de sus programas académicos, constituyendo el verdadero legado que esta institución espera haber sembrado en cada uno de ustedes.
Queridos graduandos, hoy celebramos sus logros académicos y personales con inmensa alegría y esperanza. La responsabilidad del presente y futuro de la ingeniería está en sus manos, y confiamos plenamente en que aplicarán el conocimiento adquirido con sentido humano, con brillantez, ética y compromiso social.
A nombre de los directores académicos, profesores y personal administrativo de la EDEI. Les deseamos el mejor de los éxitos.
¡Muchas felicidades, ingenieras e ingenieros!
¡Disfruten de este gran logro!
Decana de la Escuela de Ciencias
Muy buenos días a todos.
Saludo con respeto a las autoridades que hoy nos acompañan, y extiendo mi gratitud al equipo administrativo que sostiene cada detalle de esta memorable ceremonia.
A ustedes, madres, padres y familiares, les damos la más cálida bienvenida: su entrega, su amor incondicional y su sacrificio, muchas veces invisible, han sido el cimiento sobre el que se edificó el gran logro que hoy celebramos.
Con profundo cariño saludo y reconozco a nuestros profesores, el alma viva de esta universidad, quienes con paciencia infinita y genuina pasión han moldeado no sólo intelectos, sino futuros enteros.
Y finalmente, con la mayor emoción, los saludo a ustedes, queridos graduandos de la Escuela de Ciencias, que son quienes hoy le dan significado y propósito a esta ceremonia. Porque llegar hasta aquí no ha sido un acto de inercia ni un privilegio que debamos dar por sentado. Cada uno de ustedes sabe bien lo que ha costado, pero deseo que hoy todo su esfuerzo y preocupaciones encuentren significado. Sepan que, todos los aquí presentes celebramos no solo su talento, sino la tenacidad que forjaron en los días difíciles.
Momentos como éste no solo se recuerdan, sino que nos transforman. Si miran a su alrededor descubrirán que cada rincón de este campus que han habitado lleva ya una huella indeleble de quienes ustedes son y de los talentos que nos permitieron pulir durante su paso por la UDLAP. Durante estos años, su juventud, sus preguntas llenas de curiosidad y su hambre de entender el mundo, han permeado nuestras aulas y laboratorios.
Hoy ustedes dejan de ser estudiantes para convertirse en parte viva del legado de esta institución. La Universidad de las Américas Puebla no es solo el lugar donde estudiaron: a partir de hoy, es su alma mater.
Comprender el concepto de alma mater —madre nutricia— es fundamental para dimensionar lo que hoy inician. No es una metáfora sentimental. Significa que esta universidad les ha dado una cuna intelectual, un lenguaje y una forma de mirar la realidad que ya es inseparable de su ser. Sus nombres, ya están grabados en el corazón de nuestra universidad; la UDLAP es, desde ahora y para siempre, su hogar intelectual. No se gradúan para abandonarla; se gradúan para expandir su misión más allá de estos muros.
Pero esto implica también una responsabilidad irrevocable: así como una madre nutre para que sus hijos salgan al mundo y lo transformen, su alma mater los ha formado segura de que la enorgullecerán con su ejemplo, con su ética y con la grandeza de sus actos.
Y asumen esta identidad justo en un punto de inflexión histórico: el arranque de una era donde la inteligencia artificial y la digitalización acelerada están reescribiendo de raíz el mercado laboral, automatizando tareas técnicas y volviendo redundantes profesiones enteras que creíamos invulnerables. Las máquinas pueden ya diagnosticar, calcular, predecir e incluso incursionar en terrenos que considerábamos reservados a la creatividad humana. Ante esto, cabe preguntarse: ¿qué sentido tiene entonces la formación universitaria que hoy culminan?
La respuesta está en la esencia misma de lo que hacemos aquí. La tradición educativa más fecunda —de los clásicos a nuestros días— ha distinguido siempre entre entrenar para un oficio y educar para la libertad. Lo segundo es la razón de ser de las universidades. El fin no es la empleabilidad inmediata, sino formar personas capaces de gobernarse a sí mismas y participar en la vida pública con juicio propio. Quien estructura su pensamiento, argumenta con rigor científico y comunica con eficacia no teme la obsolescencia tecnológica; por el contrario, adquiere la facultad de aprender durante toda la vida y de adaptarse sin traicionar sus principios. La universidad no es una fábrica de competencias perecederas: es un espacio donde se cultiva el criterio, se templa el carácter y se aprende a pensar con profundidad para liderar con humanidad.
Y en esto radica su poder queridos graduandos. La inteligencia artificial no posee conciencia del sufrimiento humano, no se conmueve ante la belleza de una fórmula universal ni se indigna ante la injusticia. Ustedes, en cambio, pueden poner la ciencia al servicio de una conciencia ética. Esa es su brújula: ser el puente insustituible entre la innovación y el humanismo.
Bajo esta convicción, quiero invitarlos a tomar plena conciencia del privilegio extraordinario que significa ser egresados de ciencias en un país con los contrastes y desafíos de México y en un mundo como el que estamos viviendo. Ya sea de las ciencias de la salud, las ciencias químico-biológicas o de las ciencias físico-matemáticas, ser científico en esta era es tener la capacidad de traducir la complejidad para construir equidad, para sanar y para iluminar la toma de decisiones en medio de la oscuridad de la desinformación. En sus manos estará la responsabilidad de humanizar la tecnología y de poner el método más riguroso al servicio de los más vulnerables.
Hoy, cierran felizmente un capítulo de sus vidas, pero se llevan algo que trasciende los créditos académicos: amigos que serán su red en las tormentas, amores que quizás los acompañen toda la vida, y a esos profesores que dejan huella porque les enseñaron a pensar, no solo a aprobar. En estas aulas descubrieron de lo que están hechos y descifraron un poco mejor el mundo. Les invito a que honren ese descubrimiento manteniéndose cerca para seguir co-creando el futuro junto con su alma mater. Los necesitamos aquí como egresados, dialogando, proponiendo, ayudándonos a responder a lo que el mundo va requiriendo. No corten el cordón que los une a su alma mater; regresen de vez en vez, para que juntos tendamos puentes a las siguientes generaciones.
Lleven con orgullo la ciencia como una herramienta de paz. Vayan y transformen el mundo, que aquí estaremos siempre para recibirlos.
Muchas gracias y muchísimas felicidades, generación 82.
Decano de la Escuela de Ciencias Sociales
Queridos graduandos de la Escuela de Ciencias Sociales.
Familiares y amigos de nuestros graduandos.
Miembros de la facultad de nuestra Escuela.
Autoridades universidades que nos acompañan.
Dr. Daniel Lozada, vicerrector académico.
Dr. Luis Ernesto Derbez, Rector de nuestra casa de estudios.
Muy buenas tardes,
Es para mí un gran honor poder acompañarlos en este día tan especial. Quiero comenzar felicitando a la generación de graduandos 2026 de nuestra Escuela de Ciencias Sociales de la UDLAP. Lo que han alcanzado no es poco significativo en un país en el que solo 24% de la población tiene la oportunidad de estudiar una licenciatura y únicamente el 18% la concluye. Ustedes son parte de una élite nacional, en el mejor y más amplio sentido de la palabra, y por lo mismo, esto conlleva una gran responsabilidad, particularmente en un país con los problemas tan complejos como los que enfrenta México.
Aun cuando hoy cierran con broche de oro sus estudios y obtienen el título profesional de licenciatura como resultado de su esfuerzo y dedicación personal, no quisiera que esto quedara reducido a un logro estrictamente individual: lo que hoy celebramos es también producto del sacrificio, la dedicación, el amor, y también de los recursos, que han aportado generosamente sus padres y sus familias. A ellos va nuestro reconocimiento, nuestro respeto y admiración. Los invito a brindar un fuerte aplauso en honor a las familias de nuestros graduandos.
Al reconocer el trabajo constante que han realizado en su paso por la UDLAP, no podemos dejar de lado que su generación enfrenta un mundo en transformación acelerada y cuyo sentido no podemos comprender del todo. Como estudiantes vivieron los tiempos y secuelas de una pandemia, la extensión de la inteligencia artificial a los procesos educativos, sacudidas geopolíticas y conflictos regionales impredecibles, y por supuesto, un contexto político nacional crítico que además se retroalimenta de turbulencias en nuestra relación con los Estados Unidos. Su vida profesional va a comenzar en este contexto y ante niveles incertidumbre que no entraban en nuestros horizontes de vida hace solo un lustro. Pero nadie escoge los tiempos que le tocaron vivir, dijo Tolkien, pero cada uno sí puede decidir y actuar para hacer frente a las circunstancias y desarrollar su proyecto de vida.
Su madurez, su sentido de responsabilidad y su consistencia los tienen hoy aquí, cumpliendo un ciclo trascendental en su vida, celebrando con sus seres queridos, sus amigos y con los profesores y autoridades universitarias que hemos tenido la suerte de acompañarlos estos años. Tomen conciencia de que dejan la UDLAP con una formación sólida y crítica, que se llevan con ustedes las habilidades y capacidades, el contenido de las lecturas fascinantes y también de las aburridas, todo el saber que les trasmitieron sus profesores a través de sus cursos. La preparación y los conocimientos que adquirieron como científicos sociales les permitirán navegar todas las tempestades y aprovechar las oportunidades que se presenten de ahora en adelante. Queridos graduandos, no importan las circunstancias difíciles y los problemas que puedan surgir, estén seguros de que cuentan con una formación académica sólida y rigurosa, que los acompaña el prestigio académico de la UDLAP y que han desarrollado las capacidades intelectuales y prácticas para hacerles frente como profesionales competentes en cada una de sus disciplinas.
Quiero compartirles cinco consejos para la nueva etapa que comienzan.
Más que un punto final, se encuentran inmersos en un fascinante proceso de metamorfosis. Permítame parafrasear unos versos de David Bowie:
Un día, aunque pueda ser algún día
Andaremos todo el camino
Por todo lo que ustedes son
Las estrellas más brillantes.
Festejen hoy intensamente, se lo han ganado, y mañana comiencen su andar profesional. Sorpréndanos con sus proyectos, logros y aventuras. Brillen con toda su intensidad en el firmamento de la vida profesional. De vez en cuando recuerden a sus profesores y regresen a visitarnos a esta Su universidad.
Personalmente y a nombre de mis colegas de la facultad y colaboradores de la Escuela de Ciencias Sociales, quiero felicitar y otorgar todo mi reconocimiento a nuestros graduandos de Antropología, Relaciones Multiculturales, Derecho, Pedagogía, Comunicación y Relaciones Públicas, Comunicación y Producción de Medios, Psicología Clínica, Psicología Organizacional, Relaciones Internacionales y Ciencia Política que conforman la generación octagésima segunda de la UDLAP.
Enhorabuena y muchas felicidades.
Vicerrector Académico
Muy buenas tardes. Distinguidas autoridades universitarias, estimados profesores, apreciadas familias que hoy nos acompañan, pero sobre todo, querida generación 2026 de graduados de maestría, master, doctorado y doctorate de la Universidad de las Américas Puebla.
Hoy es un gran día, es un día de fiesta, pero también de profunda reflexión. Nos reunimos para celebrar el logro académico que se traduce en títulos y grados, pero lo que realmente estamos celebrando hoy, es una historia de resistencia, de noches en vela, de debates intensos y de una gran fuerza de voluntad. No se llega a un posgrado por casualidad. Llegar aquí ha significado renunciar a horas de descanso, a proyectos interminables, a abrazar la incertidumbre de la investigación y persistir cuando las respuestas parecían no llegar. Por eso, queridos graduados, hoy reciben un reconocimiento a su esfuerzo intelectual, pero sobre todo, a su carácter.
Nada de esto habría sido posible sin complicidades. Mi gratitud a sus familias, parejas, hijos y amigos. Ustedes fueron la red de apoyo silenciosa, el café a tiempo y la palabra de aliento cuando el cansancio pesaba. Este triunfo es, en igual medida, de ustedes.
Y a nuestros profesores, gracias por no dar las respuestas digeridas, sino por enseñar a formular mejores preguntas. Gracias por exigir excelencia y por recordar que el conocimiento sin empatía es solo información.
Queridos graduados, les toca salir a un mundo fascinante, pero innegablemente complejo. Un entorno de cambios tecnológicos vertiginosos, tensiones colectivas y asignaturas pendientes. Ante este panorama, es fácil caer en el desánimo o ver solo incertidumbre. Pero yo les pido ver el futuro con otros ojos. Los invito a cambiar la perspectiva. Donde los demás vean muros y desafíos insuperables, ustedes deben ver la materia prima para la transformación.
Los grandes retos de nuestro tiempo no deben ser obstáculos para detenernos, sino las oportunidades que el destino nos pone enfrente para crecer y para cerrar las dolorosas brechas de desigualdad que aún dividen a nuestras sociedades. El verdadero valor del posgrado que hoy obtienen no radica en ponernos un escalón por encima de los demás, sino en darnos las herramientas para construir rampas y puentes que permitan a otros subir junto con nosotros.
La UDLAP les ha transformado. Aquí aprendieron ciencia, método y rigor. Pero esta institución siempre ha aspirado a algo más grande, a formar seres humanos completos. Personas que entiendan que el éxito profesional carece de significado si no está acompañado por la integridad, la compasión y la responsabilidad social.
Lleven esa herencia con orgullo; sean líderes, pero nunca pierdan la capacidad de escuchar y de aprender; sean competitivos, pero jamás a costa de sus valores; sean innovadores, pero recuerden que detrás de cada algoritmo, de cada modelo económico o de cada política pública, hay personas. El mundo ya tiene suficiente talento frío; lo que urge es talento con conciencia, conocimiento con empatía y poder con humildad.
A partir de hoy, llevarán el sello UDLAP a laboratorios, empresas, gobiernos y centros de investigación por todo el mundo y cuando el camino se ponga difícil, porque se va a poner difícil, recuerden quiénes son y de dónde vienen. Vienen de una comunidad resiliente que no le teme al estatus quo. Miren el futuro con optimismo. No porque los problemas sean pequeños, sino porque ustedes se han hecho más grandes que esos retos.
Sin embargo, en esta búsqueda del éxito, les pido tres cosas fundamentales para encontrar su verdadero significado: La primera, compartan el éxito. Los logros alcanzan su máxima belleza cuando generan oportunidades para los que vienen atrás. Extiendan la mano, inspiren y construyan comunidad. Segundo, no olviden a los suyos. Cuiden y valoren a quienes caminan a su lado. Que el brillo profesional jamás les nuble la vista de lo que verdaderamente importa, los afectos y el hogar. La tercera, cuídense a ustedes mismos. Protejan su salud, su paz mental, sus principios y sus sueños. Solo desde el bienestar propio se puede sostener e inspirar a los demás.
Graduados de posgrado, la UDLAP les entrega hoy un diploma, pero el mundo les entrega una gran responsabilidad, la de transformar realidades y liderar con el ejemplo.
Vayan allá afuera con la confianza del que está preparado, con la humildad del que sabe que siempre se puede aprender algo nuevo, y con la absoluta convicción de que la verdadera grandeza no se mide por lo que logramos acumular, sino por lo que ayudamos a construir para los demás.
Muchas felicidades a ustedes y muchas felicidades a sus familias.
Muchas gracias y muy buenas tardes.