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Platicando con...

Vincent o del compromiso del viajero
por Joan Martínez

     
 

Vincent es un hombre sonriente, barbado, alto y delgado, con un toque crístico indudable, tal vez por su apariencia, por la cordialidad que destilan sus palabras, tal vez por la resolución de la mirada que las acompaña. Renta, junto a otros dos compañeros, un pequeño terreno en San Francisco Acatepec, a no más de 20 minutos en bicicleta del zócalo de San Andrés Cholula, donde vive desde hace un par de años y donde está construyendo una casa ecológica que forma parte de un proyecto de concienciación medioambiental llamado “Proyecto Tepeyakatzin”.

Fuimos a visitarlo una briosa tarde de marzo. El Popo confundía lánguido sus humos con las nubes y, al otro lado, la Malinche parecía querer volverse invisible en el azur del horizonte. Nos alcanzó la noche departiendo con él y sus compañeros, que adelantaban los trabajos de cimentación de la casa aprovechando la última luz de la tarde.

“Yo llegué a México... en julio del 2000 –recordó Vincent tras algunos titubeos, debía hacer mucho tiempo que no pensaba en ello– para un intercambio de dos años en la UDLA después de haber hecho otros dos años en una escuela de negocios en Francia, en Reims”. Nadie diría, en un primer acercamiento, que Vicente, como se hace llamar habitualmente, es francés, especialmente por su acento, natural y totalmente mexicano. Luego nos explicó que parte de su fluidez y de su atracción por América Latina nacían de sus recuerdos de infancia, pues había vivido en Argentina de los 5 a los 8 años.  

“Los primeros años son muy importantes –argumentó– y yo pasé toda la primaria en el extranjero, de hecho, de los 8 a los 10 años viví también en Inglaterra”. Con todo, de aquella experiencia siempre le quedó el recuerdo de Argentina: “Regresar a Francia, con 10 años, fue como llegar a un nuevo país, no lo viví como un verdadero regreso a los orígenes. Me gusta París, sin duda, pero siempre pensé en vivir en otra parte, tal vez porque siempre recordé la felicidad infantil de mis primeros años en América”.

En la UDLA, en Cholula, Vincent vivió las experiencias, las sorpresas y las dificultades que todos los estudiantes internacionales experimentan año tras año, sin embargo, pronto acabó fundiéndose con el entorno: “cuando vas a un país extranjero –nos dijo–, a los doce meses, de repente, te das cuenta de que algo ha cambiado en ti y te empiezas a sentir realmente integrado”.

¿Cuándo decidiste quedarte en México? Le preguntamos a continuación: “Lo cierto es que yo pronto intuí que iba a quedarme aquí, aunque no lo acepté del todo hasta que me gradué y realicé un viaje por el Yucatán, por el mundo maya”. Fueron cinco meses de descubrimiento, de viajes haciendo autoestop pues apenas tenía dinero, Mérida, Campeche, Palenque, Guatemala... cinco meses que lo decidieron a darle una tierra a su futuro.

“Tras el viaje, en diciembre del 2002, volví a Francia para cerrar el círculo, para reencontrar sobre todo a mis abuelas, ya de más de 90 años, para trabajar y ahorrar dinero…”. Con todo, antes de regresar, marchó a la India dos meses: primero a visitar a un amigo a Delhi y luego a conocer el Himalaya; “sabía que una vez aquí en México no volvería a irme tan lejos”.

Y finalmente, en 2005, tras una travesía en carguero cruzando el Atlántico, desembarcó en Veracruz dispuesto a quedarse. “Cuando viajas en avión – argumentó–, como que tu cuerpo llega pero tu espíritu tarda mucho tiempo todavía en llegar y quise ver si en barco era diferente. Además, antes siempre se viajaba en barco y quise probar, conocer el Atlántico… es otro espacio-tiempo totalmente diferente… mar y mar durante 18 días. Me ponía en la proa del barco, con mi hamaca y sólo miraba, miraba peces voladores, delfines, el doble azul inmenso… cuando llegué a Veracruz ya ni quería bajarme. Dos años queriendo regresar a México y no me quería bajar –comentó divertido.

“Luego vine a Cholula, reencontré a mis amigos y me quedé con ellos. Todavía no tenía claro lo que quería hacer, tan sólo que quería hacerlo aquí. Aunque luego, pensándolo, uno se da cuenta que toma tiempo aceptar lo que se desea hacer”.

Una vocación medioambiental

Poco a poco, gracias a las amistades, los contactos y la meditación personal, decidió que quería trabajar en la reforestación, que quería comprometerse con la salvaguarda del medio ambiente: “sentía que, a pesar de que yo no iba a ver el efecto de lo que hiciese, mi trabajo tendría unos resultados positivos en el futuro. El estado de Puebla ha sido duramente deforestado, de hecho, Cholula era un lugar lleno de agua, y todavía la hay, pero no hay árboles y la tierra se degrada y es cada vez más árida. La replantación de árboles era lo que me atraía en un principio, entonces me hablaron de un proyecto, del proyecto San Isidro, que está en Tlaxco (Tlaxcala), de sus técnicas de reforestación y recuperación de terrenos secos y duros como el concreto”.
Y allí fue, asistió a un curso de modos de vida sostenibles y quedó maravillado de las posibilidades que tiene el hombre en la actualidad para reducir su impacto ecológico. “Allí encontré a un gran grupo de personas preocupadas por el cambio climático, conscientes de que no hay vuelta de hoja, de que se puede y se debe actuar, de que es fácil y barato, sobre todo de que es posible... Nosotros hablamos de las tres “C”: la conciencia de que hay un problema que solucionar, la cual te lleva al compromiso y de éste se pasa rápidamente a la congruencia con dicho compromiso. Como dicen en el proyecto San Isidro, hay que tener cuidado con hacer algo en este sentido, con implicarse con la Tierra por poco que sea, porque es muy, pero que muy contagioso (ríe)”.
Tras el curso, con algunos amigos de Cholula, Vincent armó el proyecto Tepeyakatzin con la intención de desarrollar algunas de las diversas ideas medioambientalmente responsables que manejaban unos y otros: “Estuvimos hablando mucho, estuvo fue difícil, y al final, de ocho que éramos al principio, quedamos tres personas realmente con ganas de hacer algo serio: Mario (Mario Yohualtekat), Queta (Maria Enriqueta Sánchez) y yo. Aunque todos siguen ayudándonos y siempre llegan nuevos amigos dispuestos a echarnos una mano en una cosa u otra”.
Más tarde, tras otro curso en Tlaxco, esta vez de bioconstrucción, el grupo decidió construir una casa realmente ecológica. “Metimos dinero de nuestros ahorros, tampoco demasiado pues la hacemos nosotros mismos, aunque tenemos a Jorge, albañil, que nos ayuda en la mampostería y en la cimentación. Es una ayuda mutua, él nos asesora y enseña y nosotros a él, a no utilizar concreto, por ejemplo”.

El proyecto Tepeyakatzin

“El Proyecto Tepeyakatzin es sobre todo de concienciación. Nuestro interés está en informar, porque consideramos que no hay realmente información sobre el estado actual bioclimático, ecológico, social, económico y político. Vivimos realmente en la inconsciencia. Por otro lado, no hay información sobre las alternativas que existen  para reducir nuestra huella ecológica, sobre las alternativas para contaminar menos, al fin y al cabo. Queremos ser un ejemplo, que la gente vea con sus propios ojos las alternativas no contaminantes, que vean que son baratas, eficientes, que permiten el ahorro de tiempo y dinero, que vean, especialmente, que son posibles”.
La intención del proyecto es también capacitar a los poblanos para que puedan desarrollar actividades responsables por sí mismos mediante talleres, cursos de bioconstrucción, de tratamiento de desechos, de aguas (grises –jabonosas– y negras –las del excusado–) de cultivos ecológicos, sostenibles y orgánicos (sin pesticidas ni fertilizantes).
La casa ecológica en torno a la cual gira el proyecto se empezó a construir el 12 de febrero y se prevé  quede terminada a finales de abril. Su cimentación se está realizando a base de piedra volcánica con una mezcla de cal, arena y agua, sin usar cemento. Las paredes, que aún no se han empezado a levantar, serán pacas de paja y en cuanto al techo, éste contará con una estructura de madera y sobre ella una teja ligera que se fabrica en Cholula.
“Estamos poniendo en práctica, ni más ni menos, que lo que aprendimos de bioconstrucción en Tlaxco. El contacto con los cursos nos ofrece además una red de personas que nos asesoran y nos ayudan. Por ejemplo, hay otro proyecto en Veracruz que se llama “Bosque de Niebla” y también nos visitamos y nos ayudamos mutuamente; en este caso, ellos nos suministraron muchas semillas para cultivar. Por otro lado, también nos asesoran miembros de la UNAM para la construcción de los invernaderos.
Y es que la casa contará con tratamiento de aguas, con un baño seco que no produzca aguas negras y que permita la reutilización de los desechos orgánicos en los cultivos, con energías renovables como la solar –“hay tanto sol en Puebla, y es tan barato, insistía indignado Vincent”–, con un jardín e invernaderos donde se cultivarán hortalizas orgánicas, con una alberca donde se recolectará agua de lluvia, con hornos solares para utilizar durante el día y, además, con un gran temazcal, ya construido en parte, que muestra el interés por el rescate de tradiciones mexicanas vinculadas al amor y el respeto por la “Madre Tierra”.
Cuando la luz comenzó a escasear, nos despedimos de Vincent, del robusto Mario, de todos los compañeros que seguían trabajando aquí y allá entre risas y sudor. Vincent trajo a Centli, uno de los  perritos xoloitzcuintle que crían en la casa a fin de recuperar esta curiosa raza mexicana, para que nos despidiera. Tras la charla, de crística, su figura había devenido quijotesca o tal vez, simplemente, real, posible, sugerente hasta para los escépticos. Mientras cerraba la cerca y retomábamos nuestras bicicletas, nos comentaba de la futura constitución del proyecto en sociedad cooperativa y bromeaba afirmando: “Cuando me ponga a hacerlo, mis estudios en la UDLA me serán de utilidad, después de todo”. Luego cayó la noche y el valle de Puebla se sumió en tinieblas. Quizá Vincent, Mario, Queta y el resto de sus compañeros fueran de los pocos que mantienen una candela vibrante entre tanta oscuridad.

Para seguir la construcción de la casa ecológica visita:
http://www.fotolog.com/tepeyakatzin

Web del proyecto San Isidro, en Tlaxco:
http://www.proyectosanisidro.com.mx/

Si quieres colaborar a la recuperación del perro xoloitzcuintle comprando uno, o quieres visitar la casa, escríbele a Vincent:vincent.aba@gmail.com

 
 
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